Movimiento como medicina para el cuerpo y mente

Por: Stuart Soto

Desde nuestras figuras más pre evolutivas que necesitaban de la caza para poder alimentarse, sentamos las bases más primitivas del movimiento. A través del tiempo hemos progresado del ejercicio por supervivencia hasta nuestra cotidianidad donde nuestro movimiento es más objetivo y preciso. Como seres humanos somos entonces, nuestro cuerpo.

El método humanista desarrollado por el psicoterapeuta Alexander Lowen, Terapia Bioenergética, nos comenta que el cuerpo es la base para el funcionamiento en la realidad. Por lo tanto, cualquier mejora en el contacto con el mismo producía un cambio significativo para la persona en su auto imagen, en la calidad de sus sentimientos, en su creatividad y capacidad de trabajo, en sus relaciones interpersonales y en su disfrute de la vida.

En nuestra época moderna y según la Organización Mundial de la Salud, la depresión y la ansiedad son enfermedades globales con más de 350 millones de afectados (OMS, 2012). Estas estadísticas tan altas casi normalizan estas patologías que podríamos llegar a describir como psicofísicas. Un metanálisis realizado por Siri Kvam y compañía en el 2016 concluye que en el análisis principal el ejercicio como tratamiento para la depresión unipolar tiene un efecto moderado a grande (g 1⁄4 0.68) en comparación con las condiciones de control.

Es decir, el ejercicio debe ser un enfoque principal de nuestro día a día y debemos darle la importancia pertinente. En nuestro caso, el asistir al gimnasio y realizar nuestras rutinas debe ser prioridad para nuestra salud tanto mental como física. Debemos realizar el ejercicio siempre desarrollando nuestra conciencia corporal y estar más atentos a nuestras posturas durante todo momento, ya que estas hablan por nosotros. Estamos en obligación de cuidar nuestro cuerpo por ser nuestra herramienta más valiosa.